Históricamente, el dólar llevó décadas siendo el principal activo de reserva global, representando entre casi el 50 % o más de las reservas internacionales. Sin embargo, el oro ha experimentado un crecimiento sostenido en la participación de reservas, con compras récord por parte de bancos centrales que lo colocan como una de las principales reservas tras el dólar, incluso superando activos como el euro en importancia.
La acumulación de oro por parte de bancos centrales y gobiernos se ha acelerado en respuesta a factores como la incertidumbre geopolítica global, tensiones comerciales, déficits fiscales elevados y temores de inflación, que hacen que las autoridades monetarias busquen diversificar sus activos y reducir cierta exposición al dólar.
A pesar de esto, el dólar todavía mantiene su dominio como activo de reserva principal y sigue siendo ampliamente aceptado para transacciones internacionales, pago de commodities y tenencia de inversiones soberanas. El oro, aunque es un activo de reserva valioso y en crecimiento, no funciona como moneda de curso legal ni es utilizado directamente para liquidar la mayoría de las transacciones internacionales, lo que limita su capacidad para reemplazar totalmente al dólar en el corto plazo.
Además, la naturaleza del oro implica desafíos logísticos y de liquidez que no tiene el dólar, como el hecho de que no puede ser fácilmente utilizado como medio de pago internacional sin liquidación en una divisa fuerte, y su precio puede ser más volátil en comparación con activos tradicionales respaldados por gobiernos.
Por lo tanto, aunque el oro sigue consolidándose como un activo estratégico en carteras de reserva, la posibilidad de que reemplace completamente al dólar como activo de reserva global es remota y requeriría transformaciones profundas del sistema financiero internacional, cambios en políticas monetarias y una redefinición de las funciones básicas que cumple la moneda de reserva global en la economía mundial.
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