La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas de Estados Unidos provocó una ola de reacciones a nivel internacional, generando posturas divididas entre gobiernos, organismos multilaterales y analistas políticos.
Algunos países manifestaron respaldo a la acción estadounidense, argumentando que la operación responde a años de denuncias sobre narcotráfico, corrupción y violaciones a los derechos humanos bajo el gobierno de Maduro. Para estos sectores, la captura podría abrir la puerta a una transición política en Venezuela.
Sin embargo, otras naciones expresaron profunda preocupación por la intervención militar en territorio venezolano. Gobiernos y expertos en derecho internacional advirtieron que la operación podría constituir una violación a la soberanía nacional y sentar un precedente peligroso en las relaciones entre Estados.
Organismos internacionales hicieron llamados a una salida pacífica y democrática para Venezuela, solicitando que se respeten los derechos fundamentales de la población y se evite una escalada del conflicto en la región.
Mientras tanto, el gobierno de Estados Unidos defendió su actuación señalando que continuará involucrado hasta garantizar una transición política estable y segura, afirmación que ha intensificado el debate global sobre el alcance y los límites de la intervención internacional.
La captura de Maduro no solo redefine el panorama político venezolano, sino que también abre un amplio debate mundial sobre legalidad, soberanía, justicia internacional y el futuro de América Latina.
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